Conspiración

¿Quién habló de “conspiración”?
Tras varios años escribiendo, es probable que algunos lectores digan en este momento: “¡Ah, este blog trata de una teoría de la conspiración!”. Unos se lo dirán como mecanismo de descrédito de dichas publicaciones, y otros se lo dirán para clasificarlo dentro de una información que consideran “interesante”. ¿Por qué? No falla: ante ciertos nombres, ciertos datos, ciertos personajes, un gran porcentaje de lectores modernos piensa en el término “conspiración”.

Lo curioso de todo esto es que en nuestro libro “Eva y el socorrista canario”, la palabra “conspiración” no ha aparecido. Nadie (a parte de mí) ha dicho nada de una “conspiración”. Y sin embargo, detractores y seguidores de la llamada “teoría de la conspiración” habrán catalogado de antemano el contenido de este libro a través de dicho término.

¿Se sabe qué es “conspiración”? Resulta obvio que el moderno identifica algo como “teoría de la conspiración”: actualmente se trata de un “género literario”, de un “género documental”, e incluso una “sección periodística” que el hombre moderno dice seguir o rechazar. De la misma forma que a uno le gustan las revistas femeninas y a otro las novelas sobre vampiros, a otro le gusta la “teoría de la conspiración”. De la misma forma que a uno le gusta el canal “Historia” y a otro los documentales de animales salvajes, a otro le gusta la “teoría de la conspiración”. De la misma forma que a uno le gusta la información deportiva y a otro la CNN, a otro le gusta la “teoría de la conspiración”.

Nuestro libro “Eva y el socorrista canario” no está interesado en esta variedad de “gustos” de la modernidad. Por nuestra parte, nos limitamos a usar las palabras con un rigor que detractores y seguidores de las “teorías de conspiración” acostumbran a despreciar. No hablamos ni hablaremos de conspiración porque no hay conspiración. ¿Qué es “conspiración”? Según la máxima autoridad de la lengua que estamos manejando, es “unirse varias personas contra su superior o soberano”. Aquí no hay dos o más sujetos con anhelos subversivos, ni existen pretensiones de alcanzar el poder. No.

Aquí hay un único poder desarrollándose sin ningún tipo de oposición, manifestándose tal y como es a lo largo de la historia reciente. La única teoría que resulta válida es la que conduce a la práctica de la responsabilidad individual de cada ser humano para con sus semejantes. Está claro: no hablamos de conspiración, no hay conspiración. Invitamos a los lectores que no puedan renunciar a su adhesión (positiva o negativa) a este término, que interrumpan la lectura de este libro con el punto que cierra esta frase.

“Yo, como ser humano, soy responsable de la situación.”: Ninguna lectura (oficial o alternativa) resulta provechosa si no participa en una toma de conciencia de la responsabilidad del ser humano como individuo. La investigación que busque culpar de una situación lamentable va a resultar siempre estéril: nadie tiene la culpa.

Por supuesto que en un proyecto siempre habrá ideólogos, apologistas, artífices con nombres y apellidos (muchos infames, muchos criminales, muchos despreciables –y aquí se expondrán-), pero, en un proyecto global, la responsabilidad recae en todos los involucrados. El rol de víctimas, defensores, negadores, resistentes, colaboradores… no tienen valor verdadero en este caso: todos los seres humanos son –cada uno individualmente- responsables de una situación que primero deben conocer con detalle, para después asumir dicha responsabilidad.

Es el propio ser humano quien está seriamente amenazado. De nada sirve denunciar, pues no habrá autoridad a la cual llevar a los presuntos culpables. De nada sirve juzgar, pues no habrá jurisprudencia competente para este monstruo. De nada sirve gritar un victimismo que sólo los verdugos podrán oír. Es cada ser humano individual quien tiene que comprender los reflejos y correspondencias entre lo general y lo particular. Es el propio ser humano individual quien debe (sí: verbo deber) comprender su responsabilidad individual (en sánscrito, el término que encerraría esta responsabilidad completándola sería “svadharma”). Si la lectura de nuestro libro “Eva y el socorrista canario” no ayuda al lector a conocer su propio svadharma, nuestro libro no vale para nada.

El primer paso para esa toma de responsabilidad es abrir los ojos a lo que nos rodea. Tras ese primer paso, lo primero que se verá, será lo más obvio. Se encontrarán una serie de instituciones incuestionables que configuran una forzada y antinatural estructura a nivel político, militar, social, psicológico y económico. Esta estructura resulta ser tan sólo la punta del iceberg, pero también supone ser lo que el ser humano –tras su despertar- tiene como punto de partida desde su percepción individual y actual.

Su vida particular y cotidiana, a través de lo que le rodea en su día a día: su trabajo, su salario, su “número de identificación nacional”, sus compañeros, sus vacaciones, sus compras, sus problemas, sus fiestas, sus bancos, sus médicos, sus derechos como ciudadano, su crédito hipotecario, su educación, su tiempo libre, su participación electoral, su alimentación, sus partidos políticos, su turismo… absolutamente todo, se refleja en el proyecto global aquí expuesto.

Ese punto de partida de la responsabilidad individual para con lo general, supone abrir los ojos a la ordenación mundial que ya en un hecho en el siglo XXI: The New World Order, el Nuevo Orden Mundial.

Anuncio publicitario

Libertad

Me separo tan sólo un instante de mi egoista postura para asumir como estoy siendo atrapado por el voraz enojo que desata mi humildad.

Seguir leyendo «Libertad»